Los valores y las ideologías

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial_cuatroTodo lo que encaramos en nuestra vida está regido por algunas concepciones previas en las que ponemos nuestra esperanza.

Valores inamovibles

Cada vez que pensamos en términos de valores estamos en el plano de lo moral. Sostenemos que hay un bien, buenas acciones, buenos pensamientos.

Nuestra moral está muy arraigada en la tradición judeocristiana, que sostiene un bien, un mal y la culpa de aquel que siendo bueno obra mal. O sea, la moral es una disciplina filosófica, pero también se convierte en práctica corriente. Porque a partir de una moral, una persona puede justificar sus acciones: porque cree en un bien y comparte esta noción con otros promueve determinadas acciones.

Cuando los estados son religiosos relegan sus ideas regentes a la moral de la fe. Judío, cristiano o musulmán, un estado religioso no deja espacio para la discusión: porque los valores que sostiene están basados en un bien que no se puede poner en tela de juicio, un bien acrítico.

Debates necesarios

En un estado laico, la base que da sustento a las políticas es de otra naturaleza. En principio, parece ser materia opinable, sin fundamentalismos que la aten. Y hay algo atractivo en el logro de un acuerdo social de base.

Se trata entonces del resultado de una construcción colectiva, entre todos. Levantamos una constitución y cada tanto le damos un aire nuevo, para seguirla adaptando a los tiempos modernos, para que no quede obsoleta. ¿Acaso la noción de bien cambia? Un poco sí, es para nuestra concepción moderna un concepto que evoluciona en el tiempo.

Acciones consecuentes

A ese acuerdo marco que define lo que se puede (derechos) y lo que se debe (deberes), le siguen definiciones acerca de los procedimientos de administración que logren que los primeros se garanticen y los segundos se cumplan. O sea que ese acuerdo de base luego necesita acciones que lo ejecuten.

Todo eso es un gran aparato ideológico.

La política es la ciencia de hacer posible lo necesario, dicen algunos diccionarios.

Necesario es un pueblo consciente de su situación histórica. Necesario son los ciudadanos capaces de ser críticos de su realidad. Necesario es transmitir la pasión (en oposición a la apatía) por transformar el mundo en que vivimos, por hacerlo más justo.

Mucho es lo necesario para cumplir con estas metas. Tener una consecuente política de lectura se vuelve imprescindible. Ahora bien, qué significa, cómo se traducen estas buenas intenciones en acciones que modelen la realidad acercándola a las metas iniciales, eso es materia bien discutible.

En el entorno actual poco sentido tiene hablar de valores, por sobre todo dentro de la literatura; y mucho plantearnos las bases ideológicas de las políticas de lectura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: