Fanfiction, intertextos en la cultura digital

Autora: Valeria Kelly

Como corresponde a estos tiempos, la definición de fanfiction por el momento solo se encuentra en la Wikipedia. Según lo que esta fuente expresa, y que es fácilmente comprobableponiendo el término en un buscador, se trata de narraciones de ficción producidas por los seguidores de alguna sagao géneroque podríamos ubicar, en la gran mayoría de los casos, en la cultura popular contemporánea. Existen fanfiction que retoman personajes y universos literarios, como las de Harry Potter o El Señor de los Anillos; otras que abrevan del animé o manga (dibujos animados japoneses) como Sailor Moon o Astroboy; y también están las que buscan ramificar aventuras provenientes del cine, como Piratas del Caribe o Avatar.

Quienes están estudiando este fenómeno que ya lleva más de una década otorgan a este impulso una tradición milenaria: las tragedias griegas derivadas de la épica troyana. Podemos sumar La Eneida, texto con el que los romanos construyeron un linaje para dar legalidad al dominiodel mundo de aquel entonces.Este pasaje de personajes y conflictos de la cultura oral a la cultura letrada parecería signar este otro tránsito, en este caso, de la cultura popular a la cultura digital que, por supuesto, no se excluyen mutuamente.

Las fanfiction se presentan como un compendio de cuestiones que son centrales a nuestra cultura actual y, por lo tanto, a la educación de las nuevas generaciones. En otras palabras, a la alfabetización propia del siglo XXI, donde es preciso dar cuenta de que las cosas han cambiado, pero no hasta un paisaje tan extraño, todavía. Claramente, estas historias digitales siguen teniendo que ver con las acciones de leer y escribir, con todo lo que ello implica. Se trata de una escritura que enlaza la tradición con lo nuevo, que busca hilos sueltos en las tramas de otro, o que también corta un hilo que no nos gusta adonde nos lleva y lo reencauza (hay una fanfiction en la que Romeo y Julieta forman una familia). En muchos casos los autores prologan, explican, invitan a la discusión, del mismo modo que puede suceder en un prólogo en las obras tradicionales. Incluso la estructura de las obras mantiene la canónica división en capítulo, muchas veces con el folletinesco “Continuará…”en el cierre.

Pero se trata de leer y escribir con otras resonancias. Por un lado, estas ficciones escritas por aficionados son públicas, circulan libremente y en su gran mayoría no reportan beneficio económico a sus autores, sino que son una actividad lúdica, ociosa en su mejor sentido. Estas prácticas tensionan la concepción de autoría que conocemos desde la modernidad, con sus derivaciones económicas, sociales y políticas. Esta cuestión es parte del importante debate actual en torno a la cultura libre, la circulación de bienes intelectuales y la reutilización de contenidos culturales. Mientras dura la discusión, muchos entran a internet, imaginan y escriben.

Otra de las resonanciasde estas prácticas literarias se relaciona con este movimientoatrevido de retomar historias creadas por otros.La diferencia con los casos de antaño ya mencionados es que el soporte digital permite que otros lectores-escritores dejen comentarios, critiquen, propongan otras vueltas, provocando efectos inmediatos en la continuidad de la historia. De hecho, muchas fanfic se escriben en su mayoría en plataformas especiales que incluyen herramientas de edición y revisión, al modo de las wiki. Esta posibilidad nos lleva al concepto de colaboración, que es central en las teorías actuales de construcción del conocimiento y, por lo tanto, de aprendizaje. Hacer con otros, resolver problemas con otros, leer y escribir con otros son expresiones con fuerza de lema en la educación actual.

Por estos motivos es por lo que estas ficciones de fanáticos (lectores), en su gran mayoría adolescentes y jóvenes, vienen a despertar reflexiones. Que hay un cambio tecnológico, de soporte material, en las prácticas de lectura y escritura ya es una evidencia, y que convive con la materialidad del papel y la tinta también lo es. Pero hay quienes señalan que hay otros elementos para tener en cuenta al pensar una alfabetización para las generaciones de este siglo. Colin Lankshear, un investigador en estos temas, intenta un nombre para ellos: la sustancia espiritual (en oposición a la material) de las nuevas alfabetizaciones. Allí se ubican la colaboración, la participación, la dispersión de contenidos, la pericia distribuida. Él observa con lucidez que no alcanza con identificar las transformaciones a nivel de los textos, devenidos hipertextos que combinan lenguajes y arrojan, en esos ensamblajes, nuevos y más complejos significados.

Como se ve, la alfabetización del siglo XXI todavía tiene mucho camino por abrir. O tela para cortar. Y nos invita a tomar los universos literarios que más nos gusten para hacerlos crecer.

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