Con la palabra no basta

fontanaEditorial Cultura LIJ 28.
Por Laura Demidovich y Valeria Sorín.

Ella se acercó primero tímida pero enseguida franca y directa. Ella nos preguntó si sabíamos que en la maestría en Tipografía de la Universidad de Buenos Aires un grupo investiga en lenguas de pueblos originarios para desarrollar fuentes tipográficas que permitan todas las variantes necesarias para esas lenguas. La charla continuó y enseguida nombramos a Rubén Fontana.

Fontana, el gran diseñador gráfico argentino, ha creado tipografías respetuosas de las lenguas, sus hablantes y sus escribientes. Luego de reconocer que el fonema /ch/ está presente en todas las lenguas latinoamericanas, que es un rasgo de identidad de nuestros pueblos, desarrolló una letra especial que unía de un solo trazo los caracteres c y h que la constituían, pero pensada para computadoras e imprentas. Así la pueden apreciar en las tipografías: Fontana, Chaco, Palestina y Andralis.

Y si bien la “ch” perdió categoría de letra en estos años, Fontana ha formado diseñadores de tipografías que mantiene el mismo respeto por la idiosincrasia de las lenguas.

Una de sus discípulas está acá presente, delante nuestro, pequeña y bien plantada, preguntando qué decisiones tipográficas tomamos para la colección de libros bilingües de nuestra editorial. Y uno se da cuenta que no es menor lo que faltó. Que aun cuando creímos haber acariciado con respeto cada una de las culturas, cada leyenda, cada historia, cada palabra; aun así hemos olvidado que si la lengua es el cuerpo presente de una cultura, su forma física se expresa en los garabatos que la imprimen al papel.

Esta edición se termina tarde y en forma urgente. No fue posible seguir la planificación, la actualidad, la necesidad de incluir y dar cuenta de lo que pasa, de lo que se habla, de las experiencias, de tanta inteligencia y sensibilidad en movimiento, nos han llevado más allá de la agenda prevista.

Y esta editorial no hace más que reflejar este deseo insaciable de no dejar nada afuera, aunque quede para el último número del año conocer mejor a la Fundación Huerta Tipográfica.

Nada, dicen por allí, es casual. El espacio que dio lugar al encuentro no era otro que la Biblioteca y Centro de Documentación La Nube, bajo la bendición del maestro Pablo Medina.

Rubén Fontana y Pablo Medina tienen en común pertenecer a ese tipo de maestros que más que enseñarnos contenidos nos invitan a pensar por nosotros mismos.

La tabla del tres y la rima asonante ya llegarán, aunque también se irán de la memoria de la mayoría de los alumnos. La idea hecha carne (ya tipografía esbelta, ya biblioteca grandiosa), el ejemplo de quien piensa en su gente y trabaja por la justicia desde sus función específica; eso no se borra.

Feliz día para todos.

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