Hacia una historia de la literatura para niños en la Argentina

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Plaza de la Victoria (1829), Carlos Pellegrini

por Oscar H. Caamaño(*)

El autor, en esta última entrega, polemiza con concepciones en circulación acerca de la historia de literatura infantil argentina.

 

(publicada originalmente en  Cultura LIJ #27 edición papel julio/agosto 2014)

 

(segunda parte)

Marco teórico y estado del arte

La inquietud por conocer el proceso temporal de constitución y crecimiento de la literatura destinada a la infancia en Argentina no es ocurrencia personal, sino una necesidad manifestada por diversos autores desde hace tiempo, si bien no con la contundencia necesaria, en la mayor parte de los casos, como para generar trabajos de investigación sostenidos. Como resulta comprensible no es mayoritariamente una inquietud de quienes se han ocupado de la historia general de la literatura argentina, habida cuenta de que la LI constituye un sistema periférico dentro del polisistema literario. Como prueba de esta última afirmación, la Historia Crítica de la Literatura Argentina, dirigida por Noé Jitrik, incluye un artículo de María Adelia Díaz Rönner, que hace referencia a las corrientes inmigratorias de los siglos XIX y XX y toma como punto de partida la literatura europea trasplantada; pero carece de toda referencia concreta anterior a María Elena Walsh, figura que surge a mediados del siglo XX.

Si bien en otros trabajos Díaz Rönner menciona autores anteriores, su interés se centra en la segunda mitad del siglo pasado. Posiblemente, se basa en la idea de que en esa etapa se constituyó el campo de la LI, porque se intensifica la producción creativa de autores nuevos, las ediciones, la presencia del teatro para niños y de los títeres, y una incipiente crítica y teorización que comienza a desarrollarse con creciente impulso.

En el mismo sentido, Duarte y Leiza, además de realizar un rápido recorrido histórico en el cual analizan la presencia de dos paradigmas en el siglo XX, el de “enseñar deleitando” y el de “la autonomía del discurso literario”, toman en consideración, como gesto fundacional del campo, los Seminarios de LI de Córdoba (1969-1973).

 

Relevo inicial de fuentes

 Podrán considerarse como antecedentes ciertos textos didácticos que apelan directamente al niño como lector, sin ser estrictamente literarios, como el Compendio de Historia Argentina al alcance de los niños, de Juan María Gutiérrez, cuya cuarta edición data de 1877; no así los Cuentos, de Eduarda Mansilla, editados en 1880 o la poesía de José S. Tallon, publicada entre 1925 y 1927, auténticos ejemplos.

La Historia y Antología de la literatura infantil Iberoamericana, de Bravo Villasante (1966), parte de Domingo Faustino Sarmiento (sigo XIX) y alcanza hasta mediados del siglo XX. Su propuesta se circunscribe a la mención de autores, datos sobre su vida y obra junto con fragmentos antológicos. Si bien Peña Muñoz, en su Historia de la literatura infantil en América Latina, incorpora referencias a los pueblos originarios que habitaron el país sin aportar datos relevantes sobre el discurso oral de esas culturas, adopta el mismo punto inicial que Bravo Villasante y avanza hasta el presente e incorpora temas como la investigación en LI, el teatro y los títeres. Estas historias, dada la amplitud del objeto que abordan, constituyen miradas panorámicas necesariamente incompletas con respecto al objeto que nos ocupa, más que estudios en profundidad.

La tesis de doctorado La literatura infantil argentina, sus orígenes y su evolución inicial (1810-1930), presentada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina (1984) por María de los Ángeles Serrano, investiga en profundidad precisamente las etapas que Arpes y Ricaud dejaban fuera de la LI.

Graciela Cabal, en La literatura infantil argentina, ofrece un rápido panorama de autores y obras que se remonta a principios del siglo XIX.

Pero si carecemos de otros estudios de conjunto, exhaustivos y profundos, podemos señalar numerosos trabajos que aportan valiosa información aunque tengan un carácter demasiado general o aborden aspectos parciales.

Estudios dedicados a la evolución de un género particular son El cuento infantil rioplatense, de Germán Berdiales (1958), y la Cronología de cuentos infantiles argentinos, de Dora Pastoriza, en El cuento en la literatura infantil (1962). Estos libros constituyen intentos iniciales de historización que muchos trabajos posteriores han retomado.

Pablo Medina, en Panorama de la literatura infantil argentina, raíces folklóricas de la literatura infantil (1984), recupera el valor de la LI oral. Ese origen es ampliamente reconocido y se apoya en la existencia en el país de una importante tradición de investigación folclórica. Algunos autores que han prestado atención al folclore destinado a la infancia son Juan A. Carrizo, con su investigación sobre Rimas y Juegos Infantiles (1995), o Félix Coluccio que escribió, entre otros títulos, Folklore para la escuela (1965) y Cuentos folklóricos para niños (1966). A ellos se suman divulgadores del folclore destinado a la infancia, entre los que se cuentan Ismael Moya (1948), Germán Berdiales (1952), Rafael Jijena Sánchez (1961, 1972, 1978), Juan Ricardo Nervi (1981) o Carlos Silveyra (1999, 2001).

Honoria Zelaya de Nader, en su trabajo circunscripto a Tucumán, reconoce una pluralidad de sistemas convivientes en los orígenes de la literatura para niños en la provincia argentina, entre los que señala el aporte indígena, el africano y el hispánico, confluyentes en el folclore literario. Resulta interesante su análisis sobre la presencia histórica del libro para niños en las bibliotecas más antiguas de la capital provincial, sobre los textos escolares y sobre la prensa gráfica.

Ni borrón ni cuenta nueva. Una mirada sobre la literatura infantil y juvenil argentina relacionada con la dictadura, de Mariano Medina, analiza un tramo de la historia de la segunda mitad del siglo XX. Incorpora al relato la televisión y el surgimiento de figuras como Canela o Laura Devetach, que luego alcanzaron resonancia nacional e internacional.

Sardi y Blake, en su libro Poéticas para la infancia, analizan la relación conflictiva entre los libros para niños y la escuela. El artículo es rico en referencias a la historia de la LI argentina que revelan un trabajo de investigación propio. Esta relación entre escuela y literatura resume uno de los tópicos insoslayables dada la importancia que ha tenido la educación en el proceso de construcción de la nacionalidad en un país en el cual la inmigración extranjera constituyó un claro desafío.

No menos importante es revisar la historia de las concepciones sobre la infancia en Argentina. Sandra Carli, por ejemplo, analiza los discursos sobre la infancia en la historia de la educación argentina entre 1880 y 1955. Daniel Filmus (1996) aborda las relaciones entre Estado, sociedad y educación en el país del sur, desde el origen del Estado hasta la última década del siglo pasado. Valeria Sardi estudia la relación entre literatura, escuela e identidad argentina.

 

Dar continuidad a este trabajo

Hemos intentado ser exhaustivos en la mención de antecedentes y de posibles fuentes, pero quedan vacancias debidas a las restricciones espaciales. Para hacerles justicia diremos, al menos, que una historia no debería omitir la consideración de la imagen visual en el libro infantil y en otros soportes, como la historieta, el cine de actores y de animación; la vinculación con la música, con la danza y el teatro; la circulación e influencia de la literatura extranjera; el lugar de las editoriales en el desarrollo de un mercado; la relación entre la literatura para niños, la formación docente y la lectura; las tareas de promoción y animación; la investigación sobre la LI y sus relaciones con algunas ciencias, como la Psicología o la Sociología.

Este trabajo no agota su sentido en sí mismo, es un portal o primer paso en un proceso posterior de investigación. Seguramente, por su envergadura, requerirá de la conformación de un equipo, de la inserción en una entidad académica que la valide y de la consecución de medios materiales que le den sustento.

 

(*) El licenciado Oscar Caamaño realizó trabajos en el marco de la Maestría de Libros y Literatura Infantil de la Universidad Autónoma de Barcelona, dirigido por Teresa Colomer.

  One thought on “Hacia una historia de la literatura para niños en la Argentina

  1. septiembre 16, 2014 en 11:10 am

    Excelentes trabajos, CEPROLEC, Paulina C. Uviña

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