Un cuento para armar

P1080955Por Valeria Sorín

Natalia Silberleib llevó a cabo desde Educ.ar un concurso nacional para escuelas de edición de libros.

(publicado originalmente en Cultura LIJ 26)

 

Editar un libro puede ser un proyecto didáctico que involucre transversalmente a diversas áreas y profesores de una escuela, uniendo incluso a toda la comunidad educativa. Así lo vienen demostrando una multiplicidad de casos, cuando una escuela decide publicar obras de alumnos, cuando la bibliotecaria encara una búsqueda exhaustiva de la historia de la institución, o bien cuando desde un portal educativo se propone un concurso de edición.

Este es el caso de “Un cuento para armar”, promovida desde Educ.ar, con la forma de un concurso para que docentes de aula, profesores de plástica y bibliotecarios realizaran junto con los chicos un proceso de edición de libros de grandes autores argentinos (ver en www.cuentoparaarmar.educ.ar).

 

Primeros disparadores

Natalia Silberleib, quien ha sido la mente creativa detrás del proyecto, nos recibe para contarnos acerca de los alcances que tuvo esta iniciativa.

¿Por qué encarar un proyecto como “Un cuento para armar”?

El proyecto surgió después de haber tenido una experiencia muy interesante con un taller sobre libro de artista en el taller profesional La Estampa, en el Penal de mujeres de Ezeiza. A partir de allí, me di cuenta del alcance que podía tener la edición, potenciada por el arte, para desarrollar aprendizajes, conocimientos, fomentar la inclusión social y la lectura. En este punto, el objetivo del concurso era fomentar la lectura, que es una práctica, a través del objeto y de otra práctica, que es la edición.

No tenía muchos diagnósticos previos, pero navegué mucho por internet y encontré algunos proyectos parecidos pero más pobres, muy estructurados. Me daba miedo, también, trabajar para maestros de todo el país, considerando que mi experiencia docente es mayormente universitaria. Pero mis expectativas fueron totalmente superadas. Esperaba que entendieran la idea y que la aceptaran, pero nunca pensé que podría ser tan bien recibida y resultar tan disparadora.

Se volvió algo muy emotivo cuando, al mismo tiempo que íbamos recibiendo los cuentos, nos llegaban también los relatos de las experiencias que se producían a partir del concurso.

 

¿Qué buscaba en los cuentos para poder seleccionarlos para la experiencia?

En los cuentos busqué equilibrio, representatividad, simpleza, aprendizaje, valores éticos, transversalidad. Es decir, quería cuentos de autores consagrados y de gran calidad literaria, conocidos por todos los maestros del país, pero también me interesaba que participaran autores más recientes. Era importante que los cuentos representaran a todo el país, no solo por una cuestión federal y democrática, sino también porque tenía que pensar en una comunidad de maestros y alumnos muy diversa.

Por eso elegí un cuento muy simple, como el de Laura Devetach, y otro más complejo y rico, como el de Franco Vaccarini. Por último, y fundamentalmente, tenían que generar imágenes, más allá de las escenas concretas que podían relatar, y estas, a su vez, debían permitir que cualquier chico pudiera dibujar, sin quedar excluido al margen de sus habilidades.

Lo interesante es que la selección funcionó muy bien porque todos los cuentos tuvieron casi la misma cantidad de trabajos. Vale aclarar que se trabajó sobre cuatro cuentos, dos para chicos de primero a tercero y dos para chicos de cuarto a séptimo.

 

 Cruces propuestos

 

¿Qué hay en el trabajo del editor que suma en la práctica escolar? ¿Qué conocimiento de lo literario promueve?

Creo que la edición es una práctica y, como tal, está social y culturalmente determinada. Es también una actividad intelectual y creativa que no solo suma valor, sino que también lo crea. Por todo ello, el trabajo del editor puede convertirse en un contenido que permita a los alumnos (de cualquier nivel) ser creativos, aprender a pensar en términos de proceso, trabajar en equipo, tomar decisiones, leer en otro nivel, etcétera.

Por lo tanto, enseñar la tarea editorial tiene muchas ventajas en el desarrollo educativo, además del trabajo meramente literario. Permite adquirir niveles de lectura más avanzados y críticos, una mecánica de pensamiento relacionada al desarrollo de contenidos y textos, etc. También permite pensarla como una actividad lúdica, disparadora y transversal de otras disciplinas, como el arte y las ciencias. Esto quedó ampliamente demostrado en el concurso.

 

¿Cómo fue la devolución de los docentes?

La devolución de los docentes fue increíble y se manifestó de diferentes formas. Desde el principio, hicieron muchas consultas en el foro y aportaron también ideas e incentivos para los otros docentes. Con el correr del tiempo, algunos enviaron el registro de las experiencias en videos, fotos o en textos. Muchos de los trabajos que recibimos en papel incluían relatos, fotos y testimonios de los propios chicos, escritos a mano. Recibimos trabajos extraordinarios, ya sea por la edición, el arte, la interpretación del trabajo, etc. Se notó que cada maestro pudo recrear el concurso para usarlo de la manera más conveniente en el aula.

Las condiciones para participar eran pocas y claras: debía ser un trabajo en equipo del grado, liderado por un maestro que a su vez estaba invitado a trabajar en equipo con otros profesores. Cada grado podía presentar solo dos trabajos por cuento, de modo tal de controlar la competencia. Fue muy gratificante recibir proyectos liderados por bibliotecarios. Era un espacio fundamental en el concepto del concurso.

 

Retomar el camino comunitario

 

¿En qué medida en los trabajos se evidenció el trabajo de una comunidad educativa? 

Casi todos los trabajos fueron el resultado del trabajo en equipo de alumnos y docentes. En los casos en que nos contaron la experiencia, partieron realmente de lugares muy diferentes. Algunos trabajaron el tema de los derechos humanos, la inserción comunitaria o la inspiración en un artista como Rousseau. Pero en realidad, creo que el gran logro del concurso fue el trabajo comunitario en general. Hubo docentes que trabajaron con los padres semianalfabetos de sus alumnos, padres que se acercaron a ayudar a los maestros para poder llevar el concurso a chicos no videntes, maestros que relataban lo bien que pudieron tratar el tema de la inclusión social / diversidad cultural a partir de los cuentos.

En fin, siempre quise que “Un cuento para armar” fuera un punto de partida y una herramienta creativa y original para los docentes. Quedó demostrado que los maestros ansían recibir propuestas innovadoras y que, además, ellos y sus alumnos pueden aprender, experimentar y ser felices con ello.

  One thought on “Un cuento para armar

  1. junio 26, 2014 en 4:08 pm

    Me gustó mucho lo de trabajar con los padres semianalfabetos. Es imprescindible en estos tiempos trabajar en las escuelas con los padres de los alumnos.

    ¡Felicitaciones por el proyecto!

    • julio 11, 2014 en 6:44 pm

      Querida Adriana,
      cada mediador de lectura lleva a cabo una cruzada. Apoyémoslos!
      Gracias por seguirnos!
      Valeria

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