Lecturas inválidas

ultimas 006Por Valeria Sorín

A propósito del debate que tiene lugar en Chile por las compras directas de libros para las bibliotecas públicas, Cultura LIJ dialogó con su director, Gonzalo Oyarzún.

(publicado originalmente en Cultura LIJ 26)

Con conocimiento de lo que la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) viene realizando desde hace ya más de un lustro en la Argentina, Gonzalo Oyarzún, director del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile, promovió la asistencia de representantes de todas las bibliotecas públicas del país para seleccionar títulos para sus acervos en forma directa. La selección era completamente libre y complementaria de las provisiones habituales de títulos que se realizan de forma centralizada.

El eje en este tipo de prácticas es el reconocimiento de que los bibliotecarios, quienes están en el día a día de cada espacio, tienen conocimiento, saben hacer, reflexionan acerca de los diferentes abordajes de los desafíos que enfrentan.

En el caso de la experiencia argentina, el dinero para estas compras se adelanta a los bibliotecarios, quienes realizan las compras con el 50% de descuento en la Feria del Libro de Buenos Aires y luego rinden las facturas a la CONABIP. Pero en esta primera experiencia chilena, los bibliotecarios seleccionaron y encargaron, y las compras finales fueron concretadas desde las mismas oficinas del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas.

En esta prueba piloto participaron trescientas bibliotecas públicas, de las cuatrocientas cincuenta que dependen del sistema. A través de aplicaciones descargadas a sus móviles, cada una de las bibliotecas seleccionó libros por un valor de U$S 2000. Este monto representa el 30% de las inversiones habituales en dotación de libros que desde hace años se mantiene en Chile. Solo que en esas compras centralizadas, un comité de especialistas selecciona hasta 4000 títulos por año para abastecerlas a todas.

 

 Elegir es decidir

Pero los lectores no gustan todos de lo mismo. La variedad de la selección realizada por los bibliotecarios en la feria demostró la diversidad de intereses de los lectores de las diferentes regiones: más de doce mil títulos diferentes fueron adquiridos por este sistema, pero del más solicitado por los bibliotecarios, se compraron 200 ejemplares.

Como corresponde a la acción del Estado, los títulos y el proceso de compra se hicieron públicos. Luego el debate llegó a los medios gráficos y de allí saltó a la televisión. Nunca es malo que la cuestión de la lectura le robe metraje a los crímenes o a la vedette de moda, excepto tal vez si el mismo debate se vuelve vedetezco, frívolo y efectista, como la prensa amarilla.

El conflicto estalló porque, entre la gran cantidad de títulos solicitados, algunos de ellos pertenecían a lo que los editores llamamos instant books, libros de una sola temporada que responden a situaciones específicas (en 2011 y 2012 fueron sobre las predicciones mayas; antes de las elecciones aparecen biografías de políticos, o casos similares). Dentro de esta selección, los bibliotecarios habían incluido también libros de autoayuda. En ambos casos, productos editoriales poco relacionados para la élite intelectual con la alta cultura.

Diversos editores cuestionaron la selección, criticando el proceso y afirmando que la biblioteca está reproduciendo lo que sale en televisión. “Que llegue un libro de Rivera Letelier, Allende, o un libro de cómics, cambia el panorama cultural de una localidad”, sostiene Oyarzùn.

La idea era que participaran quienes trabajan en las bibliotecas de la región, comuna o localidad, debido a que conocen mejor a sus usuarios. A estos se les dio una capacitación y se los invitó a participar en diplomados de gestión de bibliotecas públicas.

 

 El gusto en la sociedad de masas

En particular, la polémica se ha centrado en la inclusión de dos biografías del presentador de televisión Felipe Camiroaga, muerto en 2011; dos novelas de Isabel Allende; el último libro de Hernán Rivera Letelier y otros de Pablo Simonetti, escritor y activista por la igualdad de derechos de la diversidad sexual, o de Pilar Sordo, psicóloga y autora de libros de autoayuda.

“No digo –agrega Oyarzún– que la mentada biografía del malogrado animador sea el Desayuno sobre la hierba. Solo señalo que las reglas conservadoras del campo intelectual no siempre son las más apropiadas para evaluar los procesos de formación del gusto, en este caso del gusto por la lectura. Lo mismo que ocurrió cuando en 1824 el «Himno de la alegría», en la Novena Sinfonía de Beethoven, fue considerada por los críticos expertos como una obra escandalosa e incomprensible”.

La autora más leída según el ranking de préstamos de las bibliotecas es Isabel Allende. Cierto es que para la intelectualidad no es literatura, sin embargo, en Chile ha sido galardonada con el Premio Nacional. ¿Cómo se define el gusto de las masas? No es simple de imaginar la respuesta a esta pregunta. El quinto lugar en este ranking lo tiene ganado Julio Cortázar. Y le siguen Murakami y Bárbara Wood.

Si pudiéramos seguir manejando las categorías de alta y baja cultura, aun si no reconociéramos la gran cantidad de tinta que corrió en defensa de la cultura popular, aun así deberíamos preguntarnos si no son válidos diferentes recursos para atraer y retener a los lectores en las bibliotecas. Si una señora encuentra en la biblioteca uno o dos libros que son de su primer interés, probablemente el bibliotecario pueda ir guiándola en otras lecturas, en un camino que la lleve por experiencias cada vez más complejas e interesantes. Tengamos respeto por los nuevos lectores.

 

El gusto de la élite

A esta altura comienza a entenderse la necesidad de que las bibliotecas públicas tengan diferentes tipos de libros. El tema de los intereses aparece una y otra vez en la charla: “Es que si no me gusta la poesía, pero sí la ciencia, la economía, la matemática, debo poder encontrar una variedad de intereses en la biblioteca.”

E insiste Oyarzún al sostener que no es lícito imponer el gusto de la élite cultural a la masa.

“Para leer se requiere tiempo. Son muchos los empresarios que dicen no encontrar tiempo para la lectura, pero sí para leer el suplemento económico del Mercurio o los libros que hacen a su quehacer. Estos títulos también deben estar en las bibliotecas. Se trata, en definitiva, de lecturas que atrapan a los no lectores”, completa Oyarzún.

“Estos mismos bibliotecarios eligieron masivamente el cómic Dead Notes, uno de los mejores del mundo en la actualidad”. Una elección inteligente, sobre todo si se tiene en cuenta la relevancia que alcanza un género como el cómic en las bibliotecas. Una elección interesante que no tiene nada que ver con ofrecer productos predigeridos.

“¿Qué hacemos con los chicos, con los emos, con los seguidores de la cultura japonesa, con los que les gusta el rap, o con los que solo les gusta el fútbol? Hay que ser tolerantes con las distintas selecciones. Las pluralidades tienen que ponernos felices. La pluralidad quiere decir que debe estar incluso aquello con lo que estoy en desacuerdo”. Oyarzún insiste en que las bibliotecas son la plaza pública del siglo XXI, por lo que, más que nunca, es necesario recuperar el entusiasmo.

 

Posiciones incómodas

Hay quienes consideran que el tamaño de su cultura se expresa en el tamaño de su biblioteca. “Leer no te hace buena persona. No se es mejor persona por leer grandes obras”, sostiene Oyarzún. Y subraya que, a su juicio, “menospreciar la labor del bibliotecario es también menospreciar al público que diariamente deposita su cariño y confianza en estos espacios culturales por considerarlos cercanos y plurales, en los que cualquier persona pueden acceder a grandes clásicos de la literatura universal, como a best sellers, para aprender computación o simplemente a leer un diario”.

 

 

DESTACADO

El eje en este tipo de prácticas es el reconocimiento de que los bibliotecarios, quienes están en el día a día de cada espacio, tienen conocimiento, saben hacer, reflexionan acerca de los diferentes abordajes de los desafíos que enfrentan.

 

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