La mesa redonda

Autoras: Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial 25 w Como tantas cosas, las normas de cortesía a la mesa siguen la tradición occidental. Así, comenzar una historia de nuestros modales es remontarse al Imperio romano y no a los incas o los toltecas.


Conductas medievales

Fue en la Edad Media cuando comenzaron a delinearse los protocolos de conducta en la mesa, y por supuesto esto ocurrió en las cortes.

Hay dos sistemas de presidencia en la mesa que son aún vigentes. En el francés, el anfitrión se sienta en el centro, como en el cuadro de la última cena de Miguel Ángel, donde Jesús se sentaba en el centro de una mesa alargada. Y delante de esta persona, la segunda persona anfitriona o el invitado de honor. Los invitados más importantes están alineados por orden de relevancia hacia ambos costados. Así la principal conversación es la que se da en el centro.

En el sistema inglés, anfitrión e invitado de honor se sientan en cada cabecera de la mesa, por lo que no se podía dar la conversación entre ellos. Son dos las cabeceras y son dos las conversaciones principales. Este ordenamiento tiene la ventaja adicional de remarcar menos las jerarquías.
El mito dentro del mito

Si bien el registro de historias orales acerca del rey Arturo es anterior, la idea de la mesa redonda a la que se sentaba con sus mejores guerreros aparece por primera vez en el Merlín de Robert de Boron. Según estos relatos, la Mesa Redonda fue creada por el rey de Inglaterra, Uther Pendragon, cuando Arturo sube al trono, recibe la mesa como un regalo de bodas.

La mesa redonda pretende que no hay ningún lugar privilegiado, ni una conversación por sobre otra.
La mesa redonda

Moderar una mesa redonda es administrar la palabra, y convengamos que la cultura no es otra cosa que una conversación… No; muchas conversaciones, sin centro, ni prioridades, que no tienen un comienzo definido y que no se clausuran.

En el ámbito cultural honramos la mesa redonda artúrica cada vez que una cantidad de especialistas, artistas, funcionarios, pensadores, se sientan a conversar sobre un tema. Las normas de cortesía aquí tienen que ver con no abusar del tiempo para hablar ni menospreciar personas, ni ideas vertidas.

Cultura LIJ se pretende como una permanente mesa redonda, donde cada quien se sienta para decir y escuchar. Una mesa que se agranda cada día, para no excluir miradas. De a ratos un debate se vuelve más candente, para descansar hasta la siguiente vez. Así hay una variedad de temáticas y posiciones que prevalecen en cada número.

Están todos invitados, pasen, tomen asiento. No hay más credenciales para participar más que la pasión por la lectura, por la literatura, por la cultura de la infancia.

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