Historias verdaderas

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial 24 w ch El escritor había llegado temprano a la escuela acompañado por la jefa de promoción de la editorial. Luego de ser presentado y saludado por el plantel docente, la bibliotecaria y la directora, lo reciben los chicos.

Rápidamente, encanta a toda la audiencia con el carisma que lo caracteriza. No es la primera vez, no será la última. Las preguntas de rigor y luego las firmas, una larga fila, más de un centenar de ejemplares firmados. Y claro, previo a la visita varios grados leyeron sus obras.

Está llegando el mediodía cuando la actividad va llegando a su fin. Quedan los últimos saludos. En el medio del mar de gente, se le acerca al escritor un niño serio, grandote, que tendría alrededor de once años.

-Mándele saludos a Elena de mi parte, me llamo Tincho.

El escritor intenta recordar quién es Elena (¿una maestra? ¿Una nena del turno tarde?). El escritor vuelve a mirar al niño. No le está haciendo ninguna broma, no hay ironía, no hay duda en la mirada. Es totalmente sincero cuando le habla. Al final entiende.

-Por supuesto, le voy a decir.

Elena es el personaje principal de uno de sus libros.

Ustedes pensarán que se trata de una de las tantas confusiones que existen entre la realidad y la ficción. Podrán sostener que el niño cree que los escritores cuentan historias de personas que conocen, incluso tal vez se le escape la cualidad de lo ficcional.

Ahora permítannos contarles otra historia.

Esta autora se mueve muy cómoda en las redes sociales. Cuenta que está acostumbrada a que algún remolón la contacte por facebook para pedirle que le resuma el argumento de su novela porque no quiere leer el libro y tiene examen. Y es habitual que le lleguen preguntas y mensajes digitales encendidos de admiración por el mismo medio.

Lo extraño fue cuando la contactó Camilo pidiendo conocerla. Al ver su nombre (guardemos su apellido por prudencia) se sorprendió, era el mismo del personaje de su libro más leído. Claro que cualquiera pude abrirse un perfil en facebook con una identidad falsa. El joven le contaba además que su vida era similar a la historia narrada.

Hizo averiguaciones antes de continuar. Era cierto, Camilo y su historia existían, tenían cuerpo de sangre y de tinta. Hace un mes atrás se encontraron frente a frente cuando ella viajó a Buenos Aires para dar una conferencia.

¿Le hará falta un epílogo a esa novela?

¿Qué es la verdad? ¿Era verdad la historia de Camilo personaje? La autora no se basó en la vida del joven, pero interpretó con destreza los vientos de su tiempo.

Echó a rodar el escritor una historia, y en un sentido ontológico el verbo preexiste a la vida. Allí en el origen, lo que se nombra cobra cuerpo. Echa a rodar, pero no maneja los hilos de los destinos de sus personajes cuando ellos  encuentran sus lectores.

Compartimos un brindis contigo, lector, lectora, por más ficciones verdades.

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