La imaginación no es la mentira

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín
Directoras de la revista Cultura LIJ

La imaginación no es la mentira, sostenía el profesor Crastaing. Y les da a sus alumnos preadolescentes una tarea muy difícil: deben realizar una redacción que inicia cuando se despiertan convertidos en adultos y descubren que sus padres se han convertido en niños. No deben tomar ningún atajo, no puede ser un sueño, no puede aparecer un hada buena.

La imaginación no es la mentira. Puestos a imaginar los estudiantes de Crastaing no se dan cuenta que en sus propias y reales familias mantienen roles adultos frente a padres ausentes, hogares uniparentales, o bien padres sordos a sus problemáticas. Crastaing es el personaje que detona la historia de la novela Señores Niños publicada por Mondadori, y en él Daniel Pennac pone toda su furia.  

La imaginación no es la mentira, la imaginación nos lleva muchas veces a decir verdades que no podríamos si quiera barajar en nuestras manos con la conciencia del peso de la realidad. La imaginación no es la mentira, no es la fabulación, la imaginación nos lleva de la mano del juego para pensar la posibilidad de otra realidad. Soñar que es posible otro mundo.

La imaginación, fantasía, recreación, es materia de la literatura y objeto de la lectura. Y con ella respiramos un aire más liviano. Y con ella pensamos y planificamos un mundo más igual.

¿A qué es fiel el artista? “Cuando era chico pensaba que el mundo de antes era en blanco y negro, como en las películas”, comenta un periodista en la radio. ¿Qué dimensión agrega la tecnología a la imaginación? En un tiempo de replanteo de la forma física en la que tiene lugar la literatura, es bienvenida la pregunta.

El juego de los caminos que se bifurcan, como las búsquedas en la web, ya fue explorado por los libros de la colección Elige tu propia aventura. Hay que esperar todavía para saber qué posibilidades reales narrativas le encuentran los escritores (y no ya tan solo los ilustradores) a un espacio digital animado, intervenido por comentarios, concretado en red.

La imaginación no es la mentira, tampoco los fuegos artificiales (aplicaciones, vacías pero dinámicas) con los que algunas producciones pretenden rodear argumentos débiles. La imaginación, dirá Alejandra Pizarnik, consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. La verdadera imaginación está regada de necesidad: el artista no podría ser más fiel a su creación si no le da una determinada forma.

La imaginación no es la mentira. La imaginación es el poder de la verdad. Y vaya que los niños saben de esto.

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