Lectura real

Don Quijote solo llegó hasta la puerta de su casa en su primera salida. ¿Cómo animarse a perseguir un sueño? ¿Encontraría a su bella dama, razón de toda pasión y toda entrega?

La segunda vez consiguió cruzar el umbral y llegó en su caballo, el fiel Rocinante, hasta los límites del pueblo. Faltaba quien encarnara la pasión, ya dijimos, y quien acompañara, porque un caballero debe llevar consigo al menos a un testigo para sus hazañas.

Nadie lo despidió cuando finalmente lanzó a andar, acompañado por Sancho Panza y enamorado de la bella Dulcinea del Toboso. Muchas son las aventuras que vive este dúo, la lucha contra los gigantes/molinos de viento es la más poética. Pero el episodio en el que pelea contra toneles de vino no tiene desperdicio alguno.

Estos relatos tienen lugar en el primer Don Quijote, que Cervantes escribe preso y con la siniestra (ya que diestra la había perdido en la batalla de Lepanto). Diez años más tarde, en 1615, ve la luz la segunda parte del Quijote, con un comienzo brillante, con operaciones narrativas a las que la literatura solo se atreverá muchos años después: el meta relato. Al iniciar la marcha Don Quijote y Sancho Panza conversan acerca del éxito que ha tenido el primer tomo de sus aventuras y como se difunde por allí un segundo tomo apócrifo (lo cual era cierto, ya que imitando a los personajes cervantinos, un tal Avellaneda había realizado una fan fiction, una obra que continuaba la historia en el mismo tono).

Al poco de andar, Don Quijote y Sancho se encuentran con una aldea de personas que luego de leer las mismas historias que volvieron loco a Don Quijote, deciden crear una verdadera Arcadia, la aldea perfecta, donde recrear los ideales, pretendiéndolos reales. Salen de allí con la seguridad de estar ante un patético artificio.

Este segundo tomo de Don Quijote es el camino por el cual retorna a la cordura, a la realidad, se vuelve hombre concreto y muere enfermo, deja para siempre de ser personaje de sus ficciones, se reencuentra en el final con su nombre, Alfonso Quijano. Y es el momento en que Sancho Panza, luego de ser gobernador de una isla, invierte los roles con su amo y cree que la utopía es posible, y con él tantos otros asimismo inspirados que eligen darle a Don Quijote los honores de héroe.

Vaya pavada de legado para quienes compartimos esta lengua con Ñ.

Marca una estrecha relación entre la literatura y los sueños. Y funciona al mismo tiempo de advertencia, vivir los sueños implica mantener la autenticidad, alejarse de la fácil tentación del simulacro.

Cultura LIJ se sostiene en la confianza en el trabajo real e inspirado que, así como vos, tantos mediadores  llevan a cabo. Lejos de discursos cómodos y posturas impostadas, nuestra tierra está llena de Quijotes y Quijotas por la lectura, por la infancia y por la construcción de una sociedad mejor.

Laura Demidovich y Valeria Sorín

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