Malvinas, una guerra en continuado

MALVINAS, una guerra en continuado
Por Valeria Sorín
Editora, periodista y gestora cultural.
CoDirectora de Cultura LIJ
Artículo publicado en Cultura LIJ #15 (marzo/abril 2012)

A treinta años de la guerra Malvinas, algunas propuestas para pensar este tema desde la lectura.

Alguna vez dijo Borges que no existen los sinónimos, no es exactamente reemplazable una palabra por otra debido a su contexto de significación. Y la guerra no es un contexto menor.

En pocos días se cumplen treinta años de la Guerra de Malvinas, una guerra triste que ha dejado demasiadas ausencias.

 Hablar de la historia reciente tiene una trampa, es solo “reciente” para una parte de la audiencia. Muchos de ustedes nacieron después de la guerra, por lo que Malvinas es un hecho prehistórico, casi.

A otros tantos, Malvinas les ha robado un amor, un amigo, un profesor, un vecino. Malvinas es entonces una presencia demasiado cercana, demasiado dolorosa.

¿Para quién escribo esta nota?

Escribo esta nota para vos, esperando que sea una caja de herramientas para trabajar Malvinas con los chicos a partir también de la lectura. Y zanjar con ellos la distancia, porque Malvinas es una vivencia, es un territorio, y es una guerra.

“Cantando al sol como la cigarra
Después de un año bajo la tierra
Igual que sobreviviente
Que vuelve de la guerra”
La cigarra – M. E. Walsh

La voz de los chicos

En 1984 el periodista Hugo Paredero decidió investigar cómo los chicos habían vivido los 7 años de dictadura. Claro, tenían que tener recuerdos y cierta posibilidad de ponerlos en palabras, así que serían chicos entre los 7 los 12 años. Necesitaba que los padres dieran su acuerdo, por lo que comenzó entrevistando hijos de amigos. Pero al empezar a andar, aparecieron más, llegando a juntar 150 entrevistas a niños de todos los niveles sociales y de los más diversos orígenes. El objetivo era un libro, que obtuvo negativas de publicación por dos décadas hasta que Octavio Kulesz, uno de esos chicos buscó a Paredero y le dijo que él y su hermano iban a publicarlo en Editorial Del  Zorzal.

Entre los temas tratados, aparece Malvinas desde la óptica infantil. Acá reproducimos algunas voces. Lean este capítulo, que no pierde ni profundidad ni frescura al tratar los motivos de la guerra y las posibles soluciones al conflicto.

María Noel Fernández: “Algunos chicos dicen que la Thacher empezó la pelea pero ella no fue, fueron los militares argentinos.”

Rodrigo Milcíades Ortiz: “En vez de pelear los argentinos contra los ingleses, se puede llegar a un acuerdo. Que se haga un campeonato olímpico cada año, que se haga participar a la gente deportista mejor de cada país, y el que cada vez va ganando se llevará las Malvinas por un año. Entre ingleses y argentinos nomás.”

Víctor Rafael Moreno: “No entiendo por qué no lo arreglaron discutiendo. Si Estados Unidos se pelea con Inglaterra se ponen a discutir con papeles, no van a andar peleándose ni matándose en guerra.”

Ernesto Raúl Deutsch: “A mí me parece que las Malvinas quedan mucho más cerca de la Argentina que de Inglaterra, ¿por qué los ingleses usan otro mapa?”

Los chicos reflejan también el dolor de la guerra y la impotencia, frente a un conflicto cuyas causas los exceden.

Rodolfo Adrián Puente: “Yo tuve un compañero de mi familia que estaba aturdido de tantas bombas. Él vino, no murió. Vino y nos contó cómo era (…) y luego no escuché más porque me fui a jugar al fondo de mi casa, a jugar, por ir nomás, porque no era prohibido escuchar lo que él contaba, pero es feo y muy doloroso escuchar eso de la guerra, con contarlo uno ya se imagina cómo es.”

Los chicos y la guerra

En las guerras, el universo infantil se ve invadido por una lógica ajena, que contradice todos los mandatos de buenos tratos que escuchan de sus mayores. Se percibe como una realidad que no encaja.

Podemos recordar el chiste de Quino en que el Mafalda le dice a la radio que es mentira que un pueblo invadió a otro, porque su maestra dice que cada pueblo tiene el derecho de gobernarse como mejor le parezca y que su papá sostiene que los derechos hay que respetarlos y que ni la maestra ni su papá dormirían tranquilos sabiendo que lo que enseñan es mentira. Esa noche su padre necesitó tomar una buena dosis de Nervocalm.

Sí, Mafalda es una buena pista para tratar la guerra, que aparece en la radio, en los juegos, en los sueños, y en su deseo de ser intérprete en la ONU para controlar el discurso y traducir cosas hermosas cuando los gobernantes de diferentes países se insultaran.

En el territorio de la infancia

¿Por qué acercar el territorio de la infancia a la guerra? ¿Por qué mostrarles a los chicos lo que los adultos no hemos podido resolver? 

En El cartero de Bagdad, la guerra tiene lugar en otro escenario. “Antes, su amigo Ahmed todavía se acercaba a jugar con él. Vive en una casa de adobe, al final de la callejuela, con sus padres, sus cuatro hermanos y su hermana. Las dos familias se habían llevado siempre muy bien. Pero, desde lo de las bombas en las mezquitas, a Ahmed no le permiten jugar con él. Su familia es chiita.”

Ante un accidente de su padre, Abdulwahid debe tomar su lugar. Debe atravesar la línea de conflicto para cumplir una entrega de su padre, cartero. Muere la hermanita de su amigo. Los chicos se necesitan. Juntos transitarán el umbral del mundo adulto.

 “-¡Yo no estaba enfadado con ustedes! Mi padre me dijo que no los dejaban jugar conmigo porque somos sunitas y nos hacían culpables de la bomba en la mezquita de Samarra.

-¿A ti? Pues a mí, mi padre me dijo que no te dejaban jugar conmigo porque somos chiitas y nos culpaban de hacer estallar una bomba en una de sus mezquitas.”

Donde quedan las Malvinas

A los argentinos nos ha costado tratar el tema de la guerra en la ficción. El cine es donde más espacio ha tenido: desde “Los chicos de la guerra”, o “Iluminados por el fuego”,  hasta la reciente “Un cuento chino”.

Justamente en la película de Sebastiàn Borenstein, Roberto, luego de treinta años, mantiene una guerra propia, personal, contra Inglaterra. El dolor encerrado es insondable. Se ha encerrado en sì mismo, alejándose de los sentimientos y de los demás. Es ahora una isla.

Hablar de la guerra de Malvinas puede interpretarse como dar lugar al estudio de una serie de hechos que para la generación del bicentenario son tan extraños como para todos nosotros puede ser la Vuelta de Obligado.

Hablar de la guerra puede ser un buen comienzo para inocularse contra el bulliying. Ahondar en los que nos vuelve intolerantes, en las razones que han instalado el maltrato entre pares.

 

Malvinas en la LIJ

En “Manuela en el umbral”, Mercedes Perez Sabbi cuenta en una breve escena el retorno de uno de los “chicos de la guerra” a su pueblo, de nuevo desde la mirada de la infancia. “Pensé que los aplausos eran para el mago Rolón; pero no, los aplausos eran para Miguelito, que vestido de soldado y apoyado en muletas, entraba con una pierna del pantalón. (…) Y siguieron los aplausos, y Miguelito iba, paso a palo, mirando con los ojos como los de mi Carola, que son de vidrio y no ven.” Al ingreso de Miguelito (el diminutivo nos lleva de nuevo al concepto de niño y al personaje de la tira de Quino) se produce un griterío en el salón del club social, hay quienes gritan “Las Malvinas son argentinas”, “¡¡Milicos asesinos!!”, “Justicia. Justicia. Justicia.”, que la señora Ángeles intenta acallar al tomar el micrófono para decir que no estaban en un comité ni en una unidad básica.

Mientras tanto, Manuela sigue en el umbral a la espera de que regrese su madre, detenida.

En el libro “Un desierto lleno de gente” del gran escritor Esteban Valentino la guerra Malvinas es el marco en el que Emilio Cariaga conoce el amor. Bajo los bombardeos ingleses nace esta historia donde se conjugan odio y amor, construcción y destrucción.  

Mavi, Malvina, es la protagonista de Nadar de pie. Es la hija de un soldado y busca su identidad, recueprar la imagen de su padre años más tarde, entender la historia familiar que en este caso se entremezcla con la Historia. Esta novela de Sandra Comino tuvo el mismo derrotero que el libro de Paredero. Y fue también una joven editora la que apostó a hacerle un lugar.

A treinta años, tenemos la oportunidad, igual que Mavi, de ponerle palabras a lo ocurrido, con la esperanza de que la generación del bicentenario sea capaz de escribir otra historia.

Bibliografìa

Esteban Valentino, Un Desierto Lleno de Gente, Editorial Sudamericana, 2002.

Hugo Paredero, Como es un recuerdo, Ed. Del Zorzal, Buenos Aires, 2007.

Sandra Comino, Nadar del pie, Libros del Náufrago, Buenos Aires, 2010.

Mercedes Perez Sabbi , Manuela en el umbral, Edelvives, 2011.

 

  One thought on “Malvinas, una guerra en continuado

  1. Calabacita Ok
    junio 12, 2012 en 12:45 am

    Excelente nota!

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