La tabla periódica

El hombre siempre ha intentado dominar la naturaleza. Desde el dominio del fuego, el desarrollo tecnológico ha apuntado a domesticarla. En un plano simbólico, el afán por clasificarla y volverla una materia controlable tuvo su auge en el siglo XIX. Un ejemplo: el desarrollo  de los zoológicos.

 Por aquel entonces el  conocimiento se divide en disciplinas y se abandona para siempre la formación renacentista más integral. Llega el turno del  especialista, quien es ducho en  esta lógica de casilleros y jaulas.

En la química, Dmitri Mendeléyev se anima a agrupar todos los elementos de la naturaleza conforme a algunas propiedades y características. Y a partir del análisis de la masa atómica de cada elemento establece un orden escalonado desde el hidrógeno hasta el Ununoctio.

Lejos de ser un continuum, la tabla periódica de  Mendeléyev  tenía algunos casilleros vacíos. Alguien pudo haber pensado que su lógica fallaba, ¿por qué habría discontinuidad? El vértigo que puede sentir un científico decimonónico ante una colección incompleta tal vez solo sea comparable a pensar un piano sin Fa.

Ahora bien,  ¿esta no es una revista cultural dedicada a la literatura infantil y la cultura de la infancia?

Algunas pequeñas decisiones son fundamentales a la hora de analizar la realidad cultural. ¿Hasta dónde es posible discriminar campos y dedicarse al estudio de un objeto de estudio recortado de la realidad histórica y del criollaje de tradiciones en las que se inserta?

Hablar de literatura infantil muchas veces  es hablar de lectura. Hablar de lectura es en ocasiones hablar de educación. También, hablar de construcción de subjetividad. O bien, pensarla como una práctica social.

Solemos preguntar a los entrevistados acerca del tipo de formación que requieren estas prácticas: teoría de la cultura, teoría literaria, lingüística, lenguaje visual, estética, música, teatro,  historia, psicología, tradición literaria universal (no específica para chicos), conceptos sociológicos, estudios antropológicos, filosofía, etc.

¿Por qué esta multiplicidad de saberes? Lejos de ser un objeto de estudio fácil de asir, cada obra de literatura infantil se construye con una variedad de dimensiones, lo que hace que su sistema de relaciones conceptuales sea solo advertido por quienes estén muy entrenados.

Hay quienes enseñan esta literatura como una materia controlada. Lo que sobra del molde se recorta y se deja a un lado para que no perturbe. ¿Acaso no se dan cuenta? Mendeleiev habrá podido clasificar las sustancias químicas, pero no hay quien se anime a armar una tabla periódica de la literatura. Es que el encierro nunca fue un verdadero progreso.

Laura Demidovich y Valeria Sorín

  One thought on “La tabla periódica

  1. marzo 8, 2012 en 2:00 pm

    Los cánones tienen mucho de “tabla periódica”. Pero sí, estoy de acuerdo con ustedes, y con esa idea: “Hablar de literatura infantil muchas veces es hablar de lectura. Hablar de lectura es en ocasiones hablar de educación. También, hablar de construcción de subjetividad. O bien, pensarla como una práctica social”. Una buena estrella para abordar estos asuntos, estas prácticas. Saludos.

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